| Si cntemplan la pampa y sus rincones |
| Verán las sequedades del silencio, |
| El suelo sin milagro y oficinas vacías, |
| Como el último desierto. |
| Y si observan la pampa y la imaginan |
| En tiempos de la industria del salitre |
| Verán a la mujer y al fogón mustio, |
| Al obrero sin cara, al niño triste. |
| También verán la choza mortecina, |
| La vela que alumbraba su carencia, |
| Algunas calaminas por paredes |
| Y por lecho, los sacos y la tierra. |
| También verán castigos humillantes, |
| Un cepo en que fijaban al obrero |
| Por días y por días contra el sol; |
| No importa si al final se iba muriendo. |
| La culpa del obrero, muchas veces, |
| Era el dolor altivo que mostraba. |
| Rebelión impotente, ¡una insolencia! |
| La ley del patrón rico es ley sagrada. |
| También verán el pago que les daban. |
| Dinero no veían, sólo fichas; |
| Una por cada día trabajado, |
| Y aquélla era cambiada por comida. |
| ¡cuidado con comprar en otras partes! |
| De ninguna manera se podía |
| Aunque las cosas fuesen más baratas. |
| Lo había prohibido la oficina. |
| El poder comprador de aquella ficha |
| Había ido bajando con el tiempo |
| Pero el mismo jornal seguían pagando. |
| Ni por nada del mundo un aumento. |
| Si contemplan la pampa y sus rincones |
| Verán las sequedades del silencio. |
| Y si observan la pampa cómo fuera |
| Sentirán, destrozados, los lamentos. |
| (Texto corregido por julio cortázar para las versiones de 1978 y 1981. |
| en negrita las variaciones respecto al original.) |
| Si contemplan la pampa y sus rincones |
| Verán las sequedades del silencio, |
| El páramo de un suelo despoblado |
| Vacías, como el último desierto. |
| Y si observan la pampa y la imaginan |
| En tiempos de la industria del salitre |
| Verán a la mujer y al fogón mustio, |
| Al obrero sin cara, al niño triste. |
| También verán la choza mortecina, |
| La vela que alumbraba su miseria, |
| Algunas calaminas por paredes |
| Y por lecho, los sacos y la tierra. |
| También verán castigos humillantes, |
| Un cepo en que amarraban al obrero |
| Cara al sol, a la sed y a la verguenza, |
| No importa si al final se iba muriendo. |
| La culpa del obrero, muchas veces, |
| Era el dolor altivo que mostraba. |
| Rebelión impotente, ¡una insolencia! |
| Pues la ley del patrón es ley sagrada. |
| También verán el pago que les daban. |
| Dinero no veían, sólo fichas; |
| Una por cada día trabajado, |
| Para que las cambiaran por comida. |
| ¡cuidado con comprar en otras partes! |
| De ninguna manera se podía |
| Aunque las cosas fuesen más baratas. |
| Lo había prohibido la oficina. |
| El poder comprador de aquella ficha |
| Había ido bajando con el tiempo |
| Pero el mismo jornal seguían pagando. |
| Ni por nada del mundo un aumento. |
| Si contemplan la pampa y sus rincones |
| Verán las sequedades del silencio. |
| Pero detrás de tantas soledades |
| Oirán un horizonte de lamentos. |